Entrevistas Novela histórica

Descubrir “Manual de supervivencia para conejos”, de Pedro Daniel Verdugo.

Pedro Daniel Verdugo. Foto: Mari Carmen Perán

Pedro Daniel Verdugo Romero nació en Barcelona un lluvioso día de Sant Jordi de principios de los años setenta. Es Ingeniero en informática y diplomado en ciencias empresariales, y trabaja como director de proyectos tecnológicos.

En 2015 autopublica su primera novela, La falsa metáfora del péndulo de Newton, una trama policíaca ambientada en Barcelona y que gira en torno a la parte más oscura del mundillo editorial.  En 2019, lanza al mercado Profetas en la nube (Ed. Héroes de Papel), un thriller tecnológico con una adictiva trama que explora el apasionante mundo de los gamers, youtubers e influencers. Su tercera novela, Manual de supervivencia para conejos (2026, Editorial Almuzara, Sello Mascarón de Proa), muy diferente a las anteriores, está basada en las memorias durante la guerra civil española de su abuelo materno, Daniel Romero, nacido en 1915 en Lúcar (Almería).

Sierra de Lúcar. Cerro San Marcos.

Manual de supervivencia para conejos sitúa la acción en la primera mitad del siglo XX, incluyendo la cruenta Guerra Civil y los años más duros de la posguerra. Está escrito en primera persona y sigue la trayectoria vital de tu abuelo materno. ¿Cómo te has documentado?

El proceso de documentación de la novela se origina en una decena de cintas de audio que mi abuelo dejó grabadas hace casi treinta años (en 1997), con sus recuerdos de aquellos lejanos días entre 1936 y 1939. Durante todo este tiempo y hasta principios de 2025, las cintas estuvieron en posesión de un familiar, que tenía planes de escribir su propia novela. Pero entre unas cosas y otras, fue dejando pasar el tema, hasta que el año pasado me cedió las cintas para que yo las escuchara por primera vez. Cuando lo hice, me sorprendió la claridad de las palabras de mi abuelo, lo duro de su experiencia, y la rotunda y fantástica memoria que conservaba pasados sus 80 años, recordando con todo detalle múltiples datos, lugares, nombres, fechas y referencias. Le comenté a mi familiar que unas memorias como esas merecían ser plasmadas en un texto literario, y le comenté mi disponibilidad para ayudarle a escribir su novela. Él me propuso que lo hiciera yo directamente, aprovechando mi experiencia como escritor de otras dos novelas anteriores, lo cual acepté sin dudar.

Desde aquel momento, empecé a recabar información de aquella guerra y de las circunstancias que la provocaron, a documentarme con películas y programas de televisión, libros de historia, novelas, ensayos, etc. La verdad es que mi abuelo nunca quiso hablarme de sus experiencias en la guerra, ni cuando fui un niño, ni después en la edad adulta. Tampoco creo que en el colegio estudiáramos con seriedad y rigor crítico aquellos eventos, así que creo que involucrarme en la escritura de una novela así me ha hecho comprender mucho mejor quién era mi abuelo, y como vivió aquellos años tan tristes.

Lúcar (fecha desconocida).

Daniel nace en Lúcar, un pequeño pueblo de la provincia de Almería. ¿Qué puedes contarnos de sus primeros años? ¿Cómo llegó un joven campesino andaluz a la Barcelona republicana? ¿Qué valores, creencias o principios desarrolló durante esos años en la capital catalana?

Según su propio testimonio, Daniel fue un niño relativamente feliz a pesar de la dureza de la vida en el campo durante aquellos años. Divertido, travieso, espabilado y locuaz, no pudo estudiar en la escuela rural durante demasiado tiempo, pero adquirió los hábitos necesarios para poder desarrollar posteriormente una buena cultura. Era el más joven de once hermanos, y Pepe, el mayor, vivía desde hacía años en la provincia de Barcelona. Así que, cuando Daniel cumplió los 18, se lo llevó a trabajar con él a la gran ciudad. Fue todo un shock para mi abuelo, que pasó de vivir en un pueblo muy pequeño en la sierra de Almería a la grandiosidad de una urbe en pleno desarrollo, como lo era la Barcelona de principios de los años treinta. Pronto encontró trabajo en la construcción, y empezó a involucrarse en círculos progresistas y de izquierdas.

Pepe era anarcosindicalista, quince años mayor que Daniel y mucho más bregado en los temas de la vida. Con él aprendió muchas lecciones en aquella primera etapa en Barcelona, aunque nunca consiguió que su hermano pequeño se afiliara a la CNT (la Confederación Nacional del Trabajo). Mi abuelo acabó adoptando las ideas socialistas imperantes en la época, convirtiéndose en alguien más moderado y reflexivo que el aventurero y despreocupado Pepe.

Mapa de España, lugares recorridos por Daniel Romero durante la Guerra Civil Española.

El estallido de la Guerra Civil encuentra a Daniel intentando ganarse la vida trabajando en un pueblo de la provincia de Salamanca. Tiene 21 años y es llamado a filas por el ejército sublevado. ¿Cómo vivirá la contradicción de luchar en el bando opuesto a sus ideales?

Daniel tuvo que abandonar Barcelona para ir a cuidar de su madre en el pueblo. Cuando la mujer mejoró, él sintió la necesidad de seguir con su vida y de volver a buscar trabajo fuera de allí. Entonces le salió una oportunidad para trabajar en la provincia de Salamanca, y para allá que se fue. Así que, cuando el 18 de julio de 1936 estalló el Alzamiento Nacional, él se encontraba en una zona principalmente conservadora y anti republicana, y fue llamado a filas por el ejército sublevado. Por tanto, debía unirse y entrar en guerra a favor del bando contrario a sus propios ideales progresistas. Como se puede imaginar, ese fue uno de los momentos más críticos de su vida (antes y después). En aquella situación, si desvelaba sus ideas favorables al socialismo y a la igualdad de los trabajadores, no iba a sobrevivir por mucho tiempo, puesto que (especialmente) durante los primeros días de la guerra, ambos bandos se concentraron en depurar a todo aquel considerado como no adepto a su propia causa. Él y su amigo Antonio se vieron obligados a guardar silencio y a esperar a una mejor oportunidad, con el objetivo principal de mantener sus vidas a salvo el mayor tiempo posible, esperando una pronta resolución del conflicto.

Desafortunadamente, tuvieron que estar así más de tres años. Durante todo ese tiempo, el saber que estaba luchando a favor del bando contrario a sus ideales no le permitía estar en paz consigo mismo, y es algo sobre lo que, sin duda, reflexionó muchísimo. Al final, llegó a la conclusión de que él fue tan solo un peón más sometido a los caprichos de unos pocos desalmados, ávidos de poder y con un ansia desmedida por escarmentar a todos los que no pensaban como ellos. Las circunstancias fueron las que fueron, él nunca tuvo ningún poder real de elección o para cambiar las cosas, así que básicamente usó su instinto de supervivencia para intentar que no le mataran.

Batalla del Ebro (1938). Autor desconocido. 

En Manual de supervivencia para conejos nos cuentas que tu abuelo tenía claro que el “bando nacional tenía todos los números para ganar la guerra” ¿Por qué? 

Él era muy intuitivo, conocía la situación social y económica del país, y sabía que el levantamiento estaba apoyado (más bien, promovido) por las élites económicas, religiosas y militares españolas, hartas de los vaivenes y de la inestabilidad social de una República iniciada democráticamente el año 1931. El capital, y por tanto el poder, estaban de parte de los sublevados.

Además, en 1936, a las grandes potencias fascistas de Europa (Alemania e Italia) también les interesaba apoyar el levantamiento y la guerra en España, no solo porque sus ideales eran coincidentes, sino también para tener un campo de pruebas donde validar sus nuevas tecnologías militares, con vistas a la potencial futura guerra europea (que luego se convertiría en la Segunda Guerra Mundial). Ese factor, unido al desinterés de países neutrales como Francia o Reino Unido en dar soporte a la diezmada e inexperta sección del ejército que siguió fiel a la República española, hizo sospechar a mi abuelo desde el primer día que la victoria del bando sublevado sería sencilla y rápida. Se equivocaba.

Firmando libros.

En sus memorias, Daniel Romero habla de la “guerra total” en la contienda española, eliminando la distinción entre el frente y la retaguardia ¿Qué significa? ¿Fue la primera vez en la historia de la guerra moderna que la aviación bombardeó las ciudades enemigas para aterrorizar a la población?

Obviamente, mi abuelo no era un experto estratega de guerra, sino que más bien experimentó en sus carnes sus consecuencias y pudo comprobar de primera mano cómo los grandes ejércitos fascistas apoyaron a los sublevados. Según su opinión, documentada en las cintas que dejó grabadas, los ejércitos extranjeros que apoyaron al bando nacional nunca respetaron las ciudades y los pueblos de la retaguardia, poniendo a la población civil como objetivo militar, como una manera de rebajar (o directamente, destruir) sin piedad la moral del enemigo. Guernica, Barcelona, Alcañiz o Gijón fueron claros ejemplos de este tipo de actuaciones. Tanto Alemania como Italia utilizaron la guerra española como campo de pruebas de muchas de sus nuevas armas. Como ya mencionaba en una respuesta anterior, las lecciones aprendidas serían utilizadas, aumentadas y radicalizadas, en la también infame Segunda Guerra Mundial, pocos años después.

Por lo que nos cuentas, nuestro protagonista recorrió buena parte de la geografía española durante los tres años que duró la Guerra Civil. Me ha llamado la atención la caída de Bilbao, en el frente Norte, a pesar del llamado “Cinturón de Hierro” que rodeaba la ciudad y que fue construido para defenderla. ¿Qué ocurrió? ¿También estuvo allí tu abuelo?

Según explica en sus memorias, mi abuelo fue obligado a recorrer más de setenta pueblos y ciudades de la geografía española entre los años 1936 y 1939. La primera vez que estuvo en Bilbao, era uno más de los soldados del ejército nacional (como ya he comentado, muy a su pesar) a los que les ordenaron atravesar las defensas del “Cinturón de Hierro”, un conjunto de búnkeres, túneles de hormigón y trincheras que rodeaban la ciudad de Bilbao, la única capital del País Vasco que resistía al empuje de los sublevados. La propaganda republicana sostenía que era una estructura prácticamente inexpugnable. No obstante, nadie pudo prever que, en febrero de 1937, uno de los ingenieros de la faraónica obra, Alejandro Goicoechea, desertaría y lograría pasar los planos de la fortificación al ejército sublevado. Con esas instrucciones, al ejército nacional le fue mucho más fácil romper las defensas bilbaínas y entrar en la ciudad.

Nido de ametralladoras. Cinturón de Hierro. Foto: Indalecio Ojanguren.

Como anécdota, cabe destacar que el citado Alejandro Goicoechea fue, algunos años más tarde, el ingeniero que diseñó el famoso tren “TALGO” (Tren Articulado Ligero Goicoechea – Oriol)

Durante la contienda, se sembraron las semillas del futuro nacionalcatolicismo represor que sufrimos durante décadas y Daniel asistió a quemas de libros masivas en pueblos y ciudades conquistados, promovidas por los mandos militares. ¿Qué tipo de libros eran condenados a la hoguera? ¿Estorbaba la cultura en la España Una, Grande y Libre que se estaba gestando?

En general, cualquier expresión cultural que permitiera que el obrero dejara de ser analfabeto y le permitiera organizarse era mal vista por parte de las élites religiosa, social y militar que promovieron la guerra civil. Una de esas expresiones culturales era, evidentemente, los libros, en especial aquellos que defendieran ideas progresistas que se habían intentado abrir paso durante los tiempos de la República.

En su pormenorizada historia de su paso por la Guerra Civil, Daniel cita a las Brigadas Internacionales, unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros que lucharon al lado de la República. ¿De qué países provenían mayoritariamente? ¿Qué les motivó a luchar en una contienda que no era suya?

Las Brigadas Internacionales fueron un grupo de unidades militares extranjeras que apoyaron al ejército republicano durante buena parte de la contienda, hasta octubre de 1938. Según algunas estimaciones, llegaron a España alrededor de 60.000 voluntarios de cincuenta países diferentes, de los cuales un veinte por ciento perdió la vida. El grupo más numeroso fue el de los voluntarios franceses, seguido por exiliados del régimen nazi, desde Alemania y Austria, Polonia, Italia, Estados Unidos, Reino Unido o la Unión Soviética. La mayoría venían a luchar contra el fascismo, con lo que sus motivaciones eran principalmente ideológicas.

Soldados. Guerra Civil. Foto: autor desconocido.

Hablemos de los personajes, especialmente de los compañeros de infortunio de Daniel: Antonio Cruz, Claudio Barroso, Ramiro Ballesteros, Eduardo Saénz de Herrera. ¿Qué puedes contarnos de todos ellos? ¿Fueron amigos a pesar de las previsibles diferencias ideológicas?

Algunos de esos compañeros de la novela corresponden a personas reales que coincidieron con mi abuelo. Algún otro es una combinación de varias personas, que unifiqué en personajes individuales por motivos literarios. Según las palabras de mi abuelo, muchos años después de la guerra, jamás sintió nostalgia de su paso por el ejército, aunque en ocasiones puntuales sí de los fuertes lazos de amistad con sus colegas de desgracias. Esa camaradería fue solo posible en situaciones de una intensidad emocional tan extrema como la que se da en un frente de guerra.

Así que es cierto, fueron amigos a pesar de sus diferentes orígenes, personalidades e incluso ideas políticas. El nexo que los unía a todos fue el deseo de terminar lo antes posible con su sufrimiento y con la guerra y, por encima de todo, de sobrevivir. No todos lo consiguieron.

1 de abril de 1939: la guerra ha terminado. ¿Empieza la represión? Háblanos de la “Ley de Responsabilidades Políticas”.

Bastante antes de esa fecha, los líderes de la República ya tenían claro que la guerra estaba perdida. Su principal objetivo pasó a ser el de negociar una capitulación para evitar más derramamiento de sangre y futuras represalias, algo a lo que se iban a negar rotundamente los inminentes triunfadores. Francisco Franco solo consideraba una rendición incondicional: «Victoria o muerte». Lo había dejado bien claro cuando publicó en el Boletín Oficial del Estado su «Ley de Responsabilidades Políticas», por la cual cualquiera podía ser juzgado por actos acontecidos no solo durante el conflicto, sino desde la rebelión contra el gobierno republicano conservador, en 1934.

Boda de Daniel Romero y Eloisa Sánchez, abuelos del autor. 

A partir del 1 de abril del 39, dicha ley entró a todo trapo en la vida de miles de españoles de cualquier lugar, edad o condición, rompiendo sus vidas incluso tras la guerra. Muchos de ellos fueron acusados injustamente, o por asuntos o rencillas de pueblo que nada tuvieron que ver con el advenimiento o el desarrollo de la guerra civil. Mi abuelo fue uno de los que sufrió las consecuencias, como se puede leer en el libro.

Daniel Francisco Romero sobrevivió a la guerra, abandonó su pueblo, Lúcar, y marchó a Cataluña, donde formó una familia. ¿Cómo fue su vida después de vivir tantos horrores? ¿Te hablaba de lo que le tocó vivir en su juventud? 

Mi abuelo nunca quiso hablarme de sus experiencias durante la guerra. Yo nací más de treinta años después, aún en Dictadura, pero tengo la sensación de que la gente que sobrevivió al 39 (todos los vencidos, pero también muchos de los vencedores) nunca tuvo demasiadas ganas de hablar de todo lo que pasó durante aquellos años infames. Por suerte, el familiar que comentaba al principio de la entrevista consiguió que mi abuelo le concediera una entrevista exhaustiva, ya en 1997, donde por fin pudo volcar todas sus memorias de lo que sucedió en aquellos años.

Aparte de los asuntos de guerra que quedaron guardados con llave en el cajón del olvido, desde que nací tuve la suerte de convivir en el mismo edificio con mis padres, tíos y abuelos, y doy fe de que pude disfrutar de todas las otras facetas de Daniel Romero, que seguía manteniendo la misma testarudez, firmeza y visión de la vida que en su juventud.

Y la elección del título ¿Cómo fue? Cuéntanos.

Reconozco que el título es un tanto especial, pero creo que queda bien justificado en sus páginas, sobre todo en las correspondientes a los últimos capítulos, cuando mi abuelo explica que, en aquellas interminables jornadas de caminatas, bombas, balas, malos tratos, suciedad, piojos y comida deplorable, todos los soldados se sentían como conejos asustados que no osaban plantarse ante sus jefes para protestar por sus condiciones extremas.

Una última pregunta ¿Por qué escribir esta novela? Recordar lo que ocurrió, ¿puede ayudar a no repetir la historia?

Esta novela es solo uno más de los cientos de miles de testimonios que personas como mi abuelo nos han dejado a lo largo de los años. En ese sentido, no pienso que sea una novela totalmente original o sorprendente, con giros de guion enrevesados y sorpresas cada dos páginas. Es más bien la crónica de una desgracia colectiva que se llevó por delante cientos de miles de vidas de hombres y mujeres que tan solo querían prosperar y vivir en paz. Dicen que quien no recuerda sus errores está obligado a repetirlos. Con la situación internacional actual, me temo que no hemos aprendido nada en estos últimos cien años. Ojalá me equivoque.

Esperemos que así sea, Pedro. Y te deseamos mucha suerte en tus proyectos.

 

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